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EL PRIVILEGIO DE LA VOCACIÓN MISIONERA

Desde que sentí la vocación misionera siendo un jovencito de 16 años, sentía que esa vocación era un privilegio que no me merecía recibir.  Con el pasar del tiempo y terminados los estudios y la formación misionera mi primer destino fue Tanzania. 

     También cuando llegué a Tanzania sentí que poder compartir mi vida con los tanzanos era un privilegio y así lo sentí, hasta el final, después de 20 años de entrega misionera. 

     Cuando me dijeron, siendo delegado de misiones en Málaga, ahora el Señor te llama en México. No me lo podía creer. Nunca pude pensar que Dios me pudiera conceder este otro gran privilegio: compartir mi vida y mi fe con nuestros hermanos mejicanos.

     Llevo en Méjico solo siete meses y agradezco enormemente al buen Dios que a mi edad de 71 años me diera la fuerza y la salud suficiente para poder seguir siendo misionero ad Gentes es este bendito país que me ha acogido como no merezco. 

     Los mejicanos me están transmitiendo una profunda fe y religiosidad que están transformando mi vida. El cariño y el respeto a todo lo religioso, sus tradiciones, sus peregrinaciones, su sentimiento religioso son para mi un despertar lo que en España estábamos perdiendo poco a poco.

     Pero el cristiano mejicano no solo tiene expresiones de religiosidad, el sentimiento de cercanía y ayuda a los más necesitados y alejados está enraizado en el espíritu del hombre y la mujer mejicanos. La primera vez que fuimos al gran hospital provincial a repartir cenas y café por la noche a decenas de personas que tenían que dormir como podían en la calle y que eran familiares de enfermos hospitalizados, sentí gran emoción y noté que el cristianismo corría por nuestras venas. Es la experiencia de la misión mirando arriba a Dios, pero sin dejar de mirar abajo a esta humanidad tan necesitada de afecto y cariño.

    Es poco el tiempo que llevo aquí y espero que Dios me conceda poder seguir por mucho tiempo creciendo en mi fe y mi vocación misionera junto a este pueblo sencillo y maravilloso. Sigo sintiendo el privilegio de la vocación misionera y llamo a los jóvenes a que se dejen seducir como el profeta Jeremías

Pbr. Luis Jiménez